Así nos conocimos. Como un caballero y una sacerdotisa que aún no sabían lo que era vivir. Y aunque el mundo era inmenso, confuso y oscuro, en seguida se volvió pequeño bajo nuestros pies, y la antorcha que les daba luz.
Cada noche, la dama se escapaba de su torre para verme, para vernos, y me contaba que la vida allí era fría, sombría y solitaria. Contaba que allí nadie se preocupaba por ella, y que desde su cuarto se podían oír, cada día, cada noche, voces gritando en la oscuridad. Me contaba que cada noche tenía que volver allí, y que temía el día en que la viesen salir.
Y aunque la dama vestía de negro, no conocí alma más pura. Tenía unos ojos preciosos, y una mirada apagada; un corazón que latía, rodeado de escarcha; y un alma de luz, envuelta en penumbra. Y aún confiaba en la luz del mañana, y en que podría vivir para verla; confiaba en que estaba allí, esperando su llegada; y en que todo el dolor habría merecido la pena a su llegar.
Soñaba con salir de la torre, y encontrar su lugar en el mundo. Soñaba con una mano que la apartase del abismo, y la llevase a recorrer ese mundo. Confiaba en que aquella mano fuese la mía, y yo, idiota de mi, le prometí aquella vida que merecía tener. Entonces le di mi mano y le juré, me juré a mi mismo, que la haría realidad.
Pero no en todos los cuentos acaban felices y comiendo perdices. Cada día, podía ver cómo se apagaba su alma, cómo se helaba su corazón, y como sus ojos perdían el color hasta ser de tono gris. Por las noches ella lloraba, queriendo huir, escapar de la torre; sin importar cómo, sin importar a dónde ir. Y yo, le pedía que esperase, le pedía que sufriera; hasta poder darle la vida que, muy en el fondo, sabía que nunca tendría.
Y ella aguantó, como la llama de una vela en mitad un vendaval. Y luchó tanto que se quemó, se consumió; y su luz se volvió fría, tenue, hasta no ser capaz de alumbrar más allá del interior de su ser. Y yo, ya no pude soportarlo más. Le pedí a mi rey y a mi reino un palacio para ella; sin pararme a pensar que mi reino era quizás tanto o más oscuro, frío y corrupto que su torre.
Pinté aquel palacio de blanco, pedí que todos vistieran con máscaras, y jamás le conté la verdad. Y es que yo me consumía, me apagaba, me enfriaba; y era ella en verdad quien me salvaba a mi de morir congelado, sosteniendo mi mano para evitar que cayera al abismo. Y, como buen egoísta, la dejé vivir la mentira, sin pensar un sólo día en el mañana.
Y ella creció, y por fin sonreía. La luz en sus ojos era más fuerte que nunca, y el calor que irradiaba paliaba el dolor de mi ser. En verdad llegamos a pensar que todo había merecido la pena, que duraría eternamente, y que estábamos a un paso de tomar el mundo para nosotros solos.
Pero entonces llegó la guerra, se rompieron las máscaras y cayó la oscuridad; y callamos los dos, como creyendo que el más simple ruido rompería la misma realidad. Y el palacio se convirtió en otra torre, llena de refugiados, miedo, dolor, y más voces gritando en la sombra. La dama volvía a llorar por las noches, y toda ella se heló, como nunca lo había hecho antes.
Entonces, simplemente, se apagó; y con el tiempo escapó, huyó del palacio para volver a su torre, pues no tenía otro lugar dónde ir. Y aunque pese a todo ella aún se esmeraba en que yo no me apagase, nunca más confió en mi ni en la luz del mañana. Y aunque aún le prometía y le juraba que la haría feliz, que le daría aquella vida que soñaba, y que su luz volvería a brillar... nunca más confié de verdad, en ser capaz de lograrlo.
Y ella aún espera, en su torre, como espero yo en la mía, sin saber si existirá un mañana para ambos, ni si estaremos juntos entonces; esperando a que llegue la mano del otro para llevarnos, para guiarnos, y no soltarnos jamás.
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martes, 29 de septiembre de 2015
sábado, 4 de abril de 2015
En memoria de
Aquí descansan las pocas cenizas que pude conservar de mi cordura, quemada por el paso de los años, los días, los segundos. Tornada polvo y sentenciada a perderse en el viento, la tierra y el mar.
Se condenó a sí misma por no querer mirarse al espejo, por esperar de cada mente una predisposición al orden, la lógica y el bien hacia el ajeno; por no querer aceptar su propio error.
Sea este su juicio, su veredicto y su verdad. Quede aquí su testimonio, su historia y su recuerdo. Que descanse todo cuanto no pudo en vida.
Aquellos orgullosos de ser el fuego ejecutor, sabed que la llama nunca se sacia, nunca se apaga, nunca muere. No distingue aliados de enemigos, no conoce bien ni mal. Un día querrá consumiros, y entonces sabréis que vuestro mundo acabará con fuego.
Aquellos que alguna vez intentasen sofocarlo, deben saber que no lo consiguieron. Nadie puede, nada puede. Que aquestas palabras les otorguen consuelo y el saber que hicieron lo correcto, pese a ser un acto fútil. Ella no podía ser salvada; ya no.
Pasó los años acurrucada en sí misma, enrocada y con miedo al exterior. A veces miraba, asustada, a través de los huecos entre los dedos de sus manos. Entonces le acosaban pesadillas durante días, noches, meses.
Cada poco tiempo sentía latigazos, que venían de allí donde no quería volver a mirar. Sabía que sangraba, sabía que dolía, que moría; pero no sabía, ni quería saber por qué.
Se preguntaba, sin embargo, por qué nadie estaba allí para cuidarla y protegerla. Pensaba que quizás nadie podía, que quizás el caos y la locura de más allá de sus manos eran infinitas, invencibles.
Creció con la mente de una niña, asustada del mundo. Asustada de cuánto le aterraba el mundo, asustada de ser débil, y más aún de saber que lo era.
Cometió demasiados errores, la mayoría por no ser consciente, ni tener intención de serlo. Tanto se había ofuscado que no pudo ver en qué se había convertido.
Tardaría años en ver su reflejo, y para entonces apenas había ya nada que ver. No pudo soportarlo. Todo su mundo, su realidad, se desmoronaba ante sus ojos.
No podía, no quería acabar así. Ella sería quien cambiase las tornas. No habría más torturas a su alrededor. No habría más dolor. No más fuego. No más oscuridad. Pero nunca pudo cumplirlo.
Sabía que moría, sabía por qué, pero no quería reconocerlo; no podía reconocerlo. Y sabía que aquello la estaba matando. Lenta, silenciosamente. Año tras año, día tras día.
No podía ser. Cuanto más se esmeraba, más rápido ardía. No lograba entender que no había otra senda hacia el orden, si no era la misma sombra del fuego.
Demasiado tarde pudo darse cuenta del caos que le rodeaba, y de que este nunca iba a ceder, nunca iba a morir. Tardó demasiado en saber que ya era parte de él.
Aquello sería cuando una niña asustada apartase la vista de sus ojos, por ser incapaz de mirarle. Sólo entonces soltaría sus hombros y la dejaría llorar, para nunca más volverla a ver.
Era incapaz de saber cuánto daño había hecho con los años, cuánto había hecho arder y a cuántos había quemado. De hecho, ya no estaba segura de nada.
Sus memorias se habían vuelto confusas, borrosas, obscuras. Se habían entrelazado con sus sueños, sus miedos, sus recuerdos y el futuro que aún estaba por llegar. Era incapaz de discernir la realidad de la demencia.
Pero aún tenía esperanza. Creía que, si sabía que se estaba consumiendo, se debía a que aún era consciente. Craso error. No tardó en darse cuenta de que, si ya no distinguía la realidad, no podía saber si sabía que moría.
Pasaba horas frente al espejo, intentando ver si aún se consumía; pero no veía nada. Pasaba días intentando ser cordura, desesperada por no poder controlarse más; temiendo volverse caos.
Con el tiempo perdió la voz, perdió su léxico, perdió la razón. Y lo que más la torturaba era saberlo, sin saber si en verdad lo sabía. No podía dormir, no podía pensar.
Demenciada, trataba de recomponer su maltrecha forma con las cenizas que dejaba tras de sí. Esperaba poder juntar suficientes como para volver a luchar, para volver a vivir; pero nunca lo logró.
Sabía que su única posibilidad era huir, escapar de la llama, escapar de sí misma; pero ya no podía, ya no. Sus últimos suspiros los pasó acurrucada en sí misma, mirando al espejo, a través de los huecos entre los dedos de sus manos.
Se condenó a sí misma por no querer mirarse al espejo, por esperar de cada mente una predisposición al orden, la lógica y el bien hacia el ajeno; por no querer aceptar su propio error.
Sea este su juicio, su veredicto y su verdad. Quede aquí su testimonio, su historia y su recuerdo. Que descanse todo cuanto no pudo en vida.
Aquellos orgullosos de ser el fuego ejecutor, sabed que la llama nunca se sacia, nunca se apaga, nunca muere. No distingue aliados de enemigos, no conoce bien ni mal. Un día querrá consumiros, y entonces sabréis que vuestro mundo acabará con fuego.
Aquellos que alguna vez intentasen sofocarlo, deben saber que no lo consiguieron. Nadie puede, nada puede. Que aquestas palabras les otorguen consuelo y el saber que hicieron lo correcto, pese a ser un acto fútil. Ella no podía ser salvada; ya no.
Pasó los años acurrucada en sí misma, enrocada y con miedo al exterior. A veces miraba, asustada, a través de los huecos entre los dedos de sus manos. Entonces le acosaban pesadillas durante días, noches, meses.
Cada poco tiempo sentía latigazos, que venían de allí donde no quería volver a mirar. Sabía que sangraba, sabía que dolía, que moría; pero no sabía, ni quería saber por qué.
Se preguntaba, sin embargo, por qué nadie estaba allí para cuidarla y protegerla. Pensaba que quizás nadie podía, que quizás el caos y la locura de más allá de sus manos eran infinitas, invencibles.
Creció con la mente de una niña, asustada del mundo. Asustada de cuánto le aterraba el mundo, asustada de ser débil, y más aún de saber que lo era.
Cometió demasiados errores, la mayoría por no ser consciente, ni tener intención de serlo. Tanto se había ofuscado que no pudo ver en qué se había convertido.
Tardaría años en ver su reflejo, y para entonces apenas había ya nada que ver. No pudo soportarlo. Todo su mundo, su realidad, se desmoronaba ante sus ojos.
No podía, no quería acabar así. Ella sería quien cambiase las tornas. No habría más torturas a su alrededor. No habría más dolor. No más fuego. No más oscuridad. Pero nunca pudo cumplirlo.
Sabía que moría, sabía por qué, pero no quería reconocerlo; no podía reconocerlo. Y sabía que aquello la estaba matando. Lenta, silenciosamente. Año tras año, día tras día.
No podía ser. Cuanto más se esmeraba, más rápido ardía. No lograba entender que no había otra senda hacia el orden, si no era la misma sombra del fuego.
Demasiado tarde pudo darse cuenta del caos que le rodeaba, y de que este nunca iba a ceder, nunca iba a morir. Tardó demasiado en saber que ya era parte de él.
Aquello sería cuando una niña asustada apartase la vista de sus ojos, por ser incapaz de mirarle. Sólo entonces soltaría sus hombros y la dejaría llorar, para nunca más volverla a ver.
Era incapaz de saber cuánto daño había hecho con los años, cuánto había hecho arder y a cuántos había quemado. De hecho, ya no estaba segura de nada.
Sus memorias se habían vuelto confusas, borrosas, obscuras. Se habían entrelazado con sus sueños, sus miedos, sus recuerdos y el futuro que aún estaba por llegar. Era incapaz de discernir la realidad de la demencia.
Pero aún tenía esperanza. Creía que, si sabía que se estaba consumiendo, se debía a que aún era consciente. Craso error. No tardó en darse cuenta de que, si ya no distinguía la realidad, no podía saber si sabía que moría.
Pasaba horas frente al espejo, intentando ver si aún se consumía; pero no veía nada. Pasaba días intentando ser cordura, desesperada por no poder controlarse más; temiendo volverse caos.
Con el tiempo perdió la voz, perdió su léxico, perdió la razón. Y lo que más la torturaba era saberlo, sin saber si en verdad lo sabía. No podía dormir, no podía pensar.
Demenciada, trataba de recomponer su maltrecha forma con las cenizas que dejaba tras de sí. Esperaba poder juntar suficientes como para volver a luchar, para volver a vivir; pero nunca lo logró.
Sabía que su única posibilidad era huir, escapar de la llama, escapar de sí misma; pero ya no podía, ya no. Sus últimos suspiros los pasó acurrucada en sí misma, mirando al espejo, a través de los huecos entre los dedos de sus manos.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Recuerdos del olvido.
Lluviosa y fría noche transcurría en Quel'Thalas.
-Aún recuerdo cómo llegué a conocerte, Shino... aún recuerdo, cómo llegué a estar a tu lado...
[Recuerdo]
Un muchacho discutía con un anciano vestido con larga toga en el campo.
-¡Pero maestro, le digo que no soy capaz! -Parecía insistir el jóven.
-Debes seguir intentándolo Dorgen, los hechiceros no se hacen en un día.
-Esoty cansado de intentarlo maestro, jamás me saldrá.
-¿Y por qué crees eso Dorgen?
-¡Porque yo nunca quise esto! ¡Que mis padres quieran que sea mago no es lo que yo quiero!
-Y entonces, ¿Por qué sigues aquí? -Preguntó secamente el anciano.
-Tiene razón. -Respondió el muchacho, tras pensarlo unos momentos.
El jóven colgó su libro a la cintura y su espada del otro lado, tras ello, se marchó decidido.
-Espera Dorgen, no puedes hacer esto.
-Claro que puedo, lo estoy haciendo. -Dijo sin dejar de andar.
-Te he dicho que esperes, tus padres no permitirían que -Una bola de fuego le sorprendió, por suerte y su gran habilidad, pudo cubrirse de una barrera arcana, sin embargo, cuando abrió los ojos, el muchacho ya no estaba. -no permitirían que te fueses sin más...
[/Recuerdo]
Un trueno resuena a lo lejos, acompañado de su destello, mientras la lluvia caía cada vez más fuertemente.
-Mi memoria no es la que era... no podría decirte cuánto tardé en llegar hasta ti... pero fue duro... sin comida... sin bebida... tan solo tenía mi espada y mi libro, junto a lo puesto...
Doy las gracias a Aura por poder llegar tan lejos como logré...
[Recuerdo]
El muchacho, ahora con sus ropas rotas y su aspecto descuidado, caminaba por las tierras de Quel'Thalas, hasta que, sin ya más energía, se derrumbó en el suelo.
Pasaron minutos, horas, hasta que por fin...
-Vamos... despierta... por favor... vamos... -La voz sonaba dulce e inocente, a la par que triste y cariñosa.
Dorgen abrió los ojos, muy lentamente, lo primero que vislumbró fue el apenado rostro de una Quel'Dorei de pelo blanco y tez clara. Intentó moverse, mas le fallaron las fuerzas.
-Apóyate en mí, no desfallezcas, por favor...
-Gra... gracias... -Pronunció débilmente el jóven, haciendo lo que le decía.
Andubieron durante escaso tiempo, hasta llegar a una pequeña casa.
Allí, tumbó a Dorgen en una cama, donde quedó inconsciente.
Entreabrió los ojos tiempo después, mientras la Alta Elfa murmuraba, con las manos junto a él.
Dorgen sabía que le estaba sanando, ya había visto más sanadores a lo largo de su corta vida.
-¿Por qué haces esto? -Interrumpió el jóven, mirando enfadado a la elfa, quien se paró en seco.
-Yo... yo solo... intentaba ayudar... -Dijo en un susurro, mientras bajaba la cabeza.
-No es necesario, me las apaño bien. -Finalizó Dorgen mientras salía por la puerta.
-¿Cuánto tiempo llevas sin comer...? -Preguntó tristemente la Alta Elfa, y ante el silencio de Dorgen, continuó. -Quédate... por favor... si sales ahí fuera así morirás...
-¿Y qué te importa a ti? Te he dicho que me las apaño solo. -Replicó el muchacho.
-Si no me importase... no te habría recogido... -Sollozó la elfa.
El muchacho bajó la cabeza con un lento suspiro, entrando de nuevo, mientras dirigía una furibunda mirada a la elfa.
[/Recuerdo]
-¿Lo recuerdas...? -Su voz se vuelve temblorosa mientras las lágrimas recorren su rostro, sin embargo, todo él se mantiene firme. -En aquellos tiempos me enamoré de ti... pues tú me salvaste, como un ángel que acudió a mi antes de morir... y yo, te respondí así...
Recuerdo que te conté también cómo llegué allí... y que tú, me contaste también cómo llegaste... casualidad o no, acabamos juntos... y te quise... aún te quiero...
¿Recuerdas cuando nació Dael...? Yo si... se parecía tanto a ti...
Fue cuando trabajaba de mercenario... si... por aquel entonces conocí a Del'Rethar... seguro que le recuerdas también... yo llegaba a casa herido y tú me sanabas... siempre fuiste tan atenta conmigo...
[Recuerdo]
-Padre... ¿Cómo te encuentras...? -Preguntó un chico rubio, de ojos brillantes y orejas puntiagudas.
-Estoy bien hijo... no te precupes por mi, ¿De acuerdo...?
-Si puedo hacer algo por ti, lo que sea... dímelo...
-Mas es al contrario hijo mío... soy yo quien debe cuidar de ti. -Dijo Dorgen sonriendo. -Llegará un momento, Dael'Natthar Ragdor Vallealto, en el que tú tengas que cuidar de tu familia, y, no me cabe duda de que lo harás mucho mejor que yo.
[/Recuerdo]
Dorgen cae de rodillas, aún manteniendo la posición que tenía, sus lágrimas se unen a la lluvia, mientras él, sigue hablando.
-Todo fue bien hasta que... todo aquello ocurrió... y lo siento... siento que tubieras que ver marchar a nuestro hijo... pero sabía que tenía que sacarle de allí o moriría...
Si no hubiese sido tan estúpido... ''Nunca es tarde''... no... siempre es tarde... por eso ya no estás conmigo... Si en lugar de ayudar a otros, os hubiera protegido a vosotros... aún os tendría... a ambos...
[Recuerdo]
-Padre, ¡No puedo irme sin más! ¿Qué pasará contigo? ¿Qué pasará con madre? ¡Permíteme quedarme a ayudaros! -Decía el muchacho rubio a su padre.
-¿Recuerdas lo que te dije hace tiempo hijo...? Algún día... tú cuidarás de quienes quieres, pero de momento... yo tengo que cuidar de vosotros... -Insistió Dorgen.
-Vamos Dael... y a más ver Dorgen... cuidaré de tu hijo tan bien como pueda, tras ello, volveré. -Dijo un Quel'Dorei.
-Te lo agradezco Del'Rethar, no sabes cuanto... ahora, llévale tan lejos como puedas de estas tierras perdidas de la mano de la Luz... a más ver...
[/Recuerdo]
-Poco después te fuiste... nunca nadie más supo qué te ocurrió, ni dónde te encuentras, amada mía... fue entonces cuando me diste el Grimorio de Aura, y yo... ni siquiera he podido conservarlo...
Todo lo que hiciste por aquellas personas... todo cuanto te sacrificaste... y yo... he permitido que se esfumase de entre mis manos...
[Recuerdo]
-El... libro... abre el libro... -Susurró Shino a Dorgen, que la miraba tristemente, sabía lo que iba a ocurrir.
-¿El libro...? -Preguntó inseguro, mientras Shino, débilmente, posaba un libro en sus manos, que temblaban.
-El poder que contiene... puede traer salvación... o destrucción... al antojo del usuario... -Dijo con su último aliento Shino.
Dorgen pasó a ser el propietario del Grimorio de Aura. Al ser la última petición de Shino, Dorgen leyó el libro, descubriendo todo lo ocurrido entre ella y Aura, así como todo lo que hizo Shino con más víctimas de la Plaga.
[/Recuerdo]
-Tras todo aquello no supe qué hacer... todos se fueron, no nos vimos más... perdí la pista de Dael... estaba perdido, solo... estaba sin ti...
Vagué por los restos de nuestras tierras, buscando aún gente... sin resultado totalmente...
Hasta que...
[Recuerdo]
El Portal Oscuro se abrió, y todos los aventureros, soldados, mercenarios y demás fueron llamados allí, a combatir en Terrallende, era el momento.
Todos los antiguos miembros de Remdes Nart Dahm recibieron una carta:
Remdes... Nart Dahm... Camarada.
La Legión Ardiente vuelve para asolar nuestras tierras...
Mas esta vez, la enfrentaremos, pues nadie debe sufrir lo que nosotros sufrmos...
Somos la última esperanza del perdido...
Somos la mano que protege al indefenso...
Somo el corcel que rescata al moribundo...
Ven a El Portal Oscuro, pues esta vez, nosotros seremos los que persiguen.
-Padre... -Dijo una voz entre los reclutas, y, Dorgen abrió los ojos de par en par.
-D-Dael'Natthar... -Dijo lentamente Dorgen.
-En efecto padre, he venido a servir a Remdes Nart Dahm, Siempre Firmes Y Leales, padre. -Los reclutas repitieron, al unísono: ''Siempre Firmes Y Leales''. -He traido algunos... refuerzos, como puedes ver...
-Estoy... orgulloso de ti, hijo mío... -Dijo Dorgen, pues no le vino más que aquello a la mente.
[/Recuerdo]
-Recuerdo como nuestro hijo tenía aquel espíritu... el de nunca rendirse, de mi parte, y el de ayudar a todos por la tuya... me sentí realmente orgulloso... ojalá hubieses podido verle...
Respecto a Remdes Nart Dahm... nos separamos de nuevo, y volvimos a reunirnos para ir a Corona de Hielo, con el mismo final... pero tengo el presentimiento, de que pronto estaremos reunidos de nuevo...
Se detubo un momento, aún llorando, arrodillado, dejando que la lluvia le cayese encima, escuchando el viento, los truenos... al cabo de unos minutos reaccionó.
-Sabes que aún te quiero... y por ello, recuperaré tu libro... y... no descansaré hasta que por fin... vuelvas a mi lado... te quiero... Shino Vallealto... te quiero...
Allí se quedó unos minutos más, hasta que decidió levantarse, y emprender de nuevo su camino.
martes, 17 de agosto de 2010
Recuerdos de un Violinista
Las 4:30 de la madrugada.
Día 17 del mes octavo.
Dael'Natthar, toca el violín en el puerto de Ventormenta, mientras gente se acerca hasta él, para escuchar lo que toca, sin descanso, durante varios días, sin comer, sin dormir, solo toca, mientras deja que las lágrimas recorran su rostro.
De pronto, comezó a recitar, con voz temblorosa, sin dejar de tocar un solo momento.
Da aman'ni fandu'talah...
Ala ash talah lo ni...
Fulo tal talah andu...
Ala ash neph'anis lo ni...
Mush, no su alah...
Mush, no su terro...
A eburi anar da ala, ala ethala...
''Te quiero'', ala aman...
Ri ash alah a turus...
T'as'e fandu u'phol anoduna...
No lo nei shano...
Fal do'rah ri...
Alar tal dorini mush...
''Te quiero'', isera'duna talah...
Ish'nu fulo dal'dieb...
Ish'nu fulo ano fandu'talah...
Fulo mush La Plaga...
Fulo mush ala mush fulo ni...
Fulo isera'duna do dal'dieb...
A fulo shano an andu mush...
A estas alturas ves como Dael'Natthar comienza a llorar más, y cómo su voz se torna entrecortada, apenas puede hablar, sin embargo, se mantiene firme, con los ojos cerrados.
Ano ri ash eburi...
A shar t'as'e anoduna...
Do terro, da ish'nu anoduna...
Ri ash neph'anis lo do thus bandu...
A do'rah ano lo dune'adah...
A ash an ano ri...
T'as'e no nei shando...
Fal dorados'no turus...
Dael'Natthar se queda callado unos momentos, recobrando el aliento, sin dejar de llorar, sin dejar de tocar.
Mush mush ano...
A shan're mush tal...
Mandalas lo aduna...
Dal'dieb eraburis...
A eburi tal, dieb rini dune'adah...
Ano nor neph'anis fandu ni...
Dieb do eburi tal mush...
A terro a dal'dieb lo dor aman...
Dael'Natthar solloza, sin dejar de tocar, cual niño sin consuelo, sin nadie a quien abrazar.
Ala aman...
Tal ala ash ano anar...
Ala fandu'tala...
Ala ash ano nor dune'adah...
Ala dal'dieb ni...
Ala dune'adah mush...
Ala ash ano fal ni dal'dieb...
Ala ash ano mush ni dal'dieb...
A t'as'e ri ash do talah...
Thoribas a ash ano dath nei an shano ala...
Talah thera dal'dieb ni...
Ala asto're an nor isera'duna...
Comienza a tocar más suavemente, como apagándose, sollozando... apenas podía mantenerse en pie.
Sin embargo, tras unos momentos tocando así, volvió a retomar la música como la había estado tocando.
Ala thus fandu...
Ala ash aman'ni mandalas...
''¿Quien eres?'', Ala aman...
Ala ash ano neph'anis dune'adah...
Aman'do...
No shan're a tur...
Vedvedsica...
Anar...
A shando tal al anar andu tal...
Ano a thera an dal'dieb...
T'as'e neph'o da fandu...
T'as'e alah ano ano tal terro...
A ishnu mush tal...
A shando eburi ala...
Da, alo a no nei...
Ala alah thera an isera'duna...
Eburis, ethala, thus...
T'as'e no ano su t'as'e...
Anar, fandu'talah no andu...
Anar, su dur rini ni turus...
Ano ri no fandu'talah...
Fal anoduna il'amare...
Ri no al... u'phol'belore...
Su fal shando isera'duna...
Dael'Natthar pareció estabilizarse, como si se hubiese calmado, y tocaba más calmadamente, aún con lágrimas por sus ojos y sus mejillas, la gente comenzaba a irse, los presentes no entendían lo que decía, ya no había nadie más que él.
Shando shando: Anar...
Al anar talah ash a nor...
Do dune'adah no dath tal dieb...
A an u'phol... dur a nor thoribas...
Dael'Natthar trató de dar un paso hacia delante, quería caer, no podía soportarlo más.
Sin embargo, una mano le sujetó, tirando hacia atrás de él.
-No te cuidé y te traje hasta aquí, para que acabes así, Dael'Natthar.
Era un elfo, según parecía, un Quel'Dorei, con armaduras rojas, y una capucha que cubría su cabeza y ocultaba su rostro.
-Del'Rethar...- Pronunció Dael'Natthar, aún con ojos llorosos, agarrado de la camisa por el Quel'Dorei, que le miraba de modo serio y en desaprobación.
-No te perderé de vista, hijo de Dorgen, no hagas tonterías.
Dael'Natthar asintió lentamente, y, con la cabeza baja, se giró de nuevo, y continuó tocando, sin dormir, sin descansar, sin detenerse, mientras el Quel'Dorei se alejaba.
-----Traducción al Común para quienes comprendan el Thalassian-----
De sombras rodeada...
Fue por mi hallada...
De su tumba encontrada...
Por mi fue alejada...
Fue así, como nos conocimos...
Fue así, como nos unimos...
Yo la cuidé, ella quiso...
''Te quiero'', me dijo...
Fue como un sueño...
Que acabó malherido...
Como si su dueño...
Lo hubiera perdido...
Pasaron días, meses...
''Te quiero'', incontables veces...
Hasta que ellos llegaron...
Hasta que todo arrasaron...
Eran La Plaga...
Me la arrebataron...
Destrozaron a mi amada...
Juré matarlos...
-Primera parada-
Pero fue a peor...
Cometí aquel error...
A mi espada, de sangre manchada...
Siguió, mi mujer violada...
No pude hacer nada...
Tube que verlo...
Así se destrozaba...
Nuestro precioso sueño...
-Segunda parada-
Aún con todo...
Seguí con ella...
Embarazada de otro...
Condena eterna...
La quería, más que a nada...
Mas los recuerdos me rompen...
Mi corazón y mente desgarran...
Dudo que mucho más le controle...
-Tercera parada-
Ella se iba...
Y no volvía...
Desaparecía...
Nada decía...
Me evitaba...
Se apartaba...
Ya no me abrazaba...
Ya no me amaba...
Supe que fue mi culpa...
Por no saber tratarla...
No me lo perdonaré nunca...
Se lanzó a la catarata...
-Cuarta parada-
Más tarde despertó...
Ya no estaba embarazada...
''¿Quién eres?'' preguntó...
Pues nada recordaba...
Algún día...
Te volveré a ver...
Vedvedsica...
Ojalá...
Desde hace tanto lo repito...
Mas comienzo a creer...
Que no tiene sentido...
Que no la volveré a ver...
Aún la quiero...
Siempre la he querido...
No, no miento...
Ella jamás será olvido...
Hijos, familia, un hogar...
Es cuanto llegamos a desear...
Ojalá, todo fuese realidad...
Ojalá, poder vivir en paz...
Mas se que es imposible...
Nuestro destino está sellado...
Es tan... perceptible...
Somos objetivos marcados...
-Quinta parada-
Siempre repetiré: Ojalá...
Tantas veces lo habré dicho...
Mis fuerzas no dan para más...
Lo siento... mas me despido...
-Final-
Día 17 del mes octavo.
Dael'Natthar, toca el violín en el puerto de Ventormenta, mientras gente se acerca hasta él, para escuchar lo que toca, sin descanso, durante varios días, sin comer, sin dormir, solo toca, mientras deja que las lágrimas recorran su rostro.
De pronto, comezó a recitar, con voz temblorosa, sin dejar de tocar un solo momento.

Da aman'ni fandu'talah...
Ala ash talah lo ni...
Fulo tal talah andu...
Ala ash neph'anis lo ni...
Mush, no su alah...
Mush, no su terro...
A eburi anar da ala, ala ethala...
''Te quiero'', ala aman...
Ri ash alah a turus...
T'as'e fandu u'phol anoduna...
No lo nei shano...
Fal do'rah ri...
Alar tal dorini mush...
''Te quiero'', isera'duna talah...
Ish'nu fulo dal'dieb...
Ish'nu fulo ano fandu'talah...
Fulo mush La Plaga...
Fulo mush ala mush fulo ni...
Fulo isera'duna do dal'dieb...
A fulo shano an andu mush...
A estas alturas ves como Dael'Natthar comienza a llorar más, y cómo su voz se torna entrecortada, apenas puede hablar, sin embargo, se mantiene firme, con los ojos cerrados.
Ano ri ash eburi...
A shar t'as'e anoduna...
Do terro, da ish'nu anoduna...
Ri ash neph'anis lo do thus bandu...
A do'rah ano lo dune'adah...
A ash an ano ri...
T'as'e no nei shando...
Fal dorados'no turus...
Dael'Natthar se queda callado unos momentos, recobrando el aliento, sin dejar de llorar, sin dejar de tocar.
Mush mush ano...
A shan're mush tal...
Mandalas lo aduna...
Dal'dieb eraburis...
A eburi tal, dieb rini dune'adah...
Ano nor neph'anis fandu ni...
Dieb do eburi tal mush...
A terro a dal'dieb lo dor aman...
Dael'Natthar solloza, sin dejar de tocar, cual niño sin consuelo, sin nadie a quien abrazar.
Ala aman...
Tal ala ash ano anar...
Ala fandu'tala...
Ala ash ano nor dune'adah...
Ala dal'dieb ni...
Ala dune'adah mush...
Ala ash ano fal ni dal'dieb...
Ala ash ano mush ni dal'dieb...
A t'as'e ri ash do talah...
Thoribas a ash ano dath nei an shano ala...
Talah thera dal'dieb ni...
Ala asto're an nor isera'duna...
Comienza a tocar más suavemente, como apagándose, sollozando... apenas podía mantenerse en pie.
Sin embargo, tras unos momentos tocando así, volvió a retomar la música como la había estado tocando.
Ala thus fandu...
Ala ash aman'ni mandalas...
''¿Quien eres?'', Ala aman...
Ala ash ano neph'anis dune'adah...
Aman'do...
No shan're a tur...
Vedvedsica...
Anar...
A shando tal al anar andu tal...
Ano a thera an dal'dieb...
T'as'e neph'o da fandu...
T'as'e alah ano ano tal terro...
A ishnu mush tal...
A shando eburi ala...
Da, alo a no nei...
Ala alah thera an isera'duna...
Eburis, ethala, thus...
T'as'e no ano su t'as'e...
Anar, fandu'talah no andu...
Anar, su dur rini ni turus...
Ano ri no fandu'talah...
Fal anoduna il'amare...
Ri no al... u'phol'belore...
Su fal shando isera'duna...
Dael'Natthar pareció estabilizarse, como si se hubiese calmado, y tocaba más calmadamente, aún con lágrimas por sus ojos y sus mejillas, la gente comenzaba a irse, los presentes no entendían lo que decía, ya no había nadie más que él.
Shando shando: Anar...
Al anar talah ash a nor...
Do dune'adah no dath tal dieb...
A an u'phol... dur a nor thoribas...
Dael'Natthar trató de dar un paso hacia delante, quería caer, no podía soportarlo más.
Sin embargo, una mano le sujetó, tirando hacia atrás de él.
-No te cuidé y te traje hasta aquí, para que acabes así, Dael'Natthar.
Era un elfo, según parecía, un Quel'Dorei, con armaduras rojas, y una capucha que cubría su cabeza y ocultaba su rostro.
-Del'Rethar...- Pronunció Dael'Natthar, aún con ojos llorosos, agarrado de la camisa por el Quel'Dorei, que le miraba de modo serio y en desaprobación.
-No te perderé de vista, hijo de Dorgen, no hagas tonterías.
Dael'Natthar asintió lentamente, y, con la cabeza baja, se giró de nuevo, y continuó tocando, sin dormir, sin descansar, sin detenerse, mientras el Quel'Dorei se alejaba.
-----Traducción al Común para quienes comprendan el Thalassian-----
De sombras rodeada...
Fue por mi hallada...
De su tumba encontrada...
Por mi fue alejada...
Fue así, como nos conocimos...
Fue así, como nos unimos...
Yo la cuidé, ella quiso...
''Te quiero'', me dijo...
Fue como un sueño...
Que acabó malherido...
Como si su dueño...
Lo hubiera perdido...
Pasaron días, meses...
''Te quiero'', incontables veces...
Hasta que ellos llegaron...
Hasta que todo arrasaron...
Eran La Plaga...
Me la arrebataron...
Destrozaron a mi amada...
Juré matarlos...
-Primera parada-
Pero fue a peor...
Cometí aquel error...
A mi espada, de sangre manchada...
Siguió, mi mujer violada...
No pude hacer nada...
Tube que verlo...
Así se destrozaba...
Nuestro precioso sueño...
-Segunda parada-
Aún con todo...
Seguí con ella...
Embarazada de otro...
Condena eterna...
La quería, más que a nada...
Mas los recuerdos me rompen...
Mi corazón y mente desgarran...
Dudo que mucho más le controle...
-Tercera parada-
Ella se iba...
Y no volvía...
Desaparecía...
Nada decía...
Me evitaba...
Se apartaba...
Ya no me abrazaba...
Ya no me amaba...
Supe que fue mi culpa...
Por no saber tratarla...
No me lo perdonaré nunca...
Se lanzó a la catarata...
-Cuarta parada-
Más tarde despertó...
Ya no estaba embarazada...
''¿Quién eres?'' preguntó...
Pues nada recordaba...
Algún día...
Te volveré a ver...
Vedvedsica...
Ojalá...
Desde hace tanto lo repito...
Mas comienzo a creer...
Que no tiene sentido...
Que no la volveré a ver...
Aún la quiero...
Siempre la he querido...
No, no miento...
Ella jamás será olvido...
Hijos, familia, un hogar...
Es cuanto llegamos a desear...
Ojalá, todo fuese realidad...
Ojalá, poder vivir en paz...
Mas se que es imposible...
Nuestro destino está sellado...
Es tan... perceptible...
Somos objetivos marcados...
-Quinta parada-
Siempre repetiré: Ojalá...
Tantas veces lo habré dicho...
Mis fuerzas no dan para más...
Lo siento... mas me despido...
-Final-
lunes, 26 de julio de 2010
Dulce sacerdotisa...
''Ah... menudo día...'' Me dije a mi mismo.
Todo repleto de problemas, líos, y más problemas; en eso consiste ser guardia.
Por fin tengo un rato de permiso, la noche es mi momento.
Es curioso, casualmente, Ved está ahí, al fin una alegría en este día tan ajetreado.
''Bueno, ¿Qué te cuentas?'' pregunté, sin embargo me cortó con un simple ''Shh...'', y la seguí.
Es extraño, me gusta este ambiente, tan callado, silencioso... hemos llegado al parque, y se ha sentado en una esquina, y, como no podía ser de otro modo, fui con ella.
Me sonreía dulcemente, mientras me miraba con sus preciosos ojos grises... ah... son mi debilidad...
Estabamos abrazados el uno al otro, cuando, de pronto, me besó, mientras rodeaba mi cuello con sus brazos... Lo adoro, para mi es de lo más bonito que podría hacer, desde la primera vez que me besó así en la taberna...
Separó sus labios de los míos con una tierna sonrisa, igual que la mía.
Me abracé a ella, tan solo quería mimarla, darle cariño, pues cuando me besa, soy incapaz de pensar en otra cosa.
La besé, no pude resistirme, es tán encantadora... mientras acariciaba suavemente su espalda y su cabello, ondulado, castaño...
Simplemente me encanta, toda ella, sus andares, su voz, su rostro...
Dejé de besarla un momento, sin embargo, ella volvió a besarme, tan dúlcemente...
En estos momentos no sería capaz de negarle nada...
La besé también, se estaba tan bien junto a ella...
Cuando comencé a perder la noción del tiempo que llevaba besándola, me detube, lentamente...
Escuche un suave ''jo...'', ella quería que siguiese, y así lo hice...
Cuando de nuevo me detube, dije en voz baja: ''No quiero que esto acabe nunca...'', y ella, sin dudar un segundo, respondió ''¿Tiene que hacerlo...?''
Continuamos besándonos toda la noche... después de todo, fue un buen día...
viernes, 7 de mayo de 2010
Sueño de Dael'Natthar
De pronto... pasó todo...
El bosque estaba arrasado, el magma, el fuego y las rocas ardientes reinaban...
Era el cataclismo...
Me quedé atónito ante tal imagen, y... giré la cabeza en dirección a la ciudad...
Durante un instante, por mi mente pasaron imágenes de Vedvedsica... Oh amor mío, temí tanto...
Corrí hasta la ciudad, tan deprisa como mis piernas me permitían... hasta llegar a la plaza de la catedral... y... allí... caí de rodillas... no podía creerlo... la lava engullía la catedral...
Vedvedsica... no... no podía ser cierto... comencé a llorar entonces... deseando que mi cuerpo se fundiese junto a la plaza... pero no... no era mi momento...
Una voz conocida, amiga... era Bragni Montelejano... que tiraba de mi llevándome casi a rastras, mientras me gritaba... ''¡No puedes hacer nada! ¡Vamos! ¡Corre maldito orejaspicudas! ¡No podías evitarlo! ¡Vamos!''
Supe que llevaba razón, aunque mi corazón decía lo contrario... corrí junto a él... hasta la entrada de la ciudad...
Exahusto, me arrodillé ya en el bosque, observando a todos aquellos que habían logrado escapar, escuchando lamentos, lloros y gritos...
En ese instante... quedé petrificado al ver... que Starov sostenía a Ved en sus brazos... ella estaba inconsciente, manchada... como si la hubiesen rescatado de dentro de aquella catedral...
Se acercó a mi... yo me erguí firme y miré desafiante a sus ojos, luego... a mi amada...
Ella se movía con una pequeña mueca de dolor... y yo... no pude hacer más que bajar la mirada, culpándome...
Starov dejó a Ved en mis brazos, con un simple y llano ''De nada''... con lágrimas en mis ojos le dije ''Gracias... muchas gracias... de verdad...''.
Él apartó la mirada mientras Bragni, por algún motivo, también le miraba agradecido...
Sin más, Starov llamó a su drestrero y se marchó del lugar...
Vedvedsica despertaba y me miraba... tranquilizador, susurré a su oído ''Duerme... esás a salvo... estoy contigo...'', ella asintió suavemente y cerró los ojos, acurrucándose entre mis brazos... sonriendo...
Aún exahusto, falto de fuerzas, la sostube, pues ella era mi vida, no podía dejarla...
Bragni miró hacia la ciudad, y luego, hacia mi, tan solo preguntó ''¿Y... ahora...?'', a lo que respondí secamente ''Vamos al norte...''
Aún no se bien por qué lo dije... pero, está claro que ese era mi destino...
El enano asintió, cargó su arcabuz al hombro y, nos dispusimos a partir...
Giré un momento la cabeza, y dirigí una fugaz mirada al bosque... devastación... destrucción... ¿Por qué...?
Miré hacia Ved... ''Ella es todo lo que tengo... jamás la abandonaré de nuevo...'' me dije a mi mismo...
Lentamente... comenzamos a andar... nos esperaba un largo viaje...
El bosque estaba arrasado, el magma, el fuego y las rocas ardientes reinaban...
Era el cataclismo...
Me quedé atónito ante tal imagen, y... giré la cabeza en dirección a la ciudad...
Durante un instante, por mi mente pasaron imágenes de Vedvedsica... Oh amor mío, temí tanto...
Corrí hasta la ciudad, tan deprisa como mis piernas me permitían... hasta llegar a la plaza de la catedral... y... allí... caí de rodillas... no podía creerlo... la lava engullía la catedral...
Vedvedsica... no... no podía ser cierto... comencé a llorar entonces... deseando que mi cuerpo se fundiese junto a la plaza... pero no... no era mi momento...
Una voz conocida, amiga... era Bragni Montelejano... que tiraba de mi llevándome casi a rastras, mientras me gritaba... ''¡No puedes hacer nada! ¡Vamos! ¡Corre maldito orejaspicudas! ¡No podías evitarlo! ¡Vamos!''
Supe que llevaba razón, aunque mi corazón decía lo contrario... corrí junto a él... hasta la entrada de la ciudad...
Exahusto, me arrodillé ya en el bosque, observando a todos aquellos que habían logrado escapar, escuchando lamentos, lloros y gritos...
En ese instante... quedé petrificado al ver... que Starov sostenía a Ved en sus brazos... ella estaba inconsciente, manchada... como si la hubiesen rescatado de dentro de aquella catedral...
Se acercó a mi... yo me erguí firme y miré desafiante a sus ojos, luego... a mi amada...
Ella se movía con una pequeña mueca de dolor... y yo... no pude hacer más que bajar la mirada, culpándome...
Starov dejó a Ved en mis brazos, con un simple y llano ''De nada''... con lágrimas en mis ojos le dije ''Gracias... muchas gracias... de verdad...''.
Él apartó la mirada mientras Bragni, por algún motivo, también le miraba agradecido...
Sin más, Starov llamó a su drestrero y se marchó del lugar...
Vedvedsica despertaba y me miraba... tranquilizador, susurré a su oído ''Duerme... esás a salvo... estoy contigo...'', ella asintió suavemente y cerró los ojos, acurrucándose entre mis brazos... sonriendo...
Aún exahusto, falto de fuerzas, la sostube, pues ella era mi vida, no podía dejarla...
Bragni miró hacia la ciudad, y luego, hacia mi, tan solo preguntó ''¿Y... ahora...?'', a lo que respondí secamente ''Vamos al norte...''
Aún no se bien por qué lo dije... pero, está claro que ese era mi destino...
El enano asintió, cargó su arcabuz al hombro y, nos dispusimos a partir...
Giré un momento la cabeza, y dirigí una fugaz mirada al bosque... devastación... destrucción... ¿Por qué...?
Miré hacia Ved... ''Ella es todo lo que tengo... jamás la abandonaré de nuevo...'' me dije a mi mismo...
Lentamente... comenzamos a andar... nos esperaba un largo viaje...
Entonces... desperté...
lunes, 5 de abril de 2010
Un mero sueño...
... Allí estábamos... sentados cerca del puente... mirando al agua...
Cada cual, sumido en sus pensamientos... sin que una sola palabra, interrumpiese aquel momento, de reflexión y paz de cada uno...
Y... entonces... entre la fría brisa... me acerqué lentamente hacia ti...buscando tus ojos... tan bonitos... mas no los hallé...
Sin más... dirigí un corto beso a tus labios... dulces... tiernos... con ese tono, tan dificil de definir... que se acerca a rosa... sin llegar a serlo...
Durante un momento, se detubo el roce de nuestros labios... separando aquel beso... mas tan solo, para darte otro... mas largo... lento... cálido... que terminó en pequeños besos... como bocanadas de aire, como si tú fueses lo que necesito para vivir... tal como el aire para una persona...
Llevé mi siguiente beso a tu cuello... lentamente... una mezcla, entre un suave mordisco, como un animal que juega, y un tímido beso... que siempre deseé dar, y nunca antes pude...
Mientras deslizaba mis brazos, con dulzura y suavidad... alrededor de tu cuerpo... rodeando tu cintura...
Dí otro pequeño beso en tu cuello... y entonces te miré... esperando una respuesta... una reacción... pero mantubiste tu mirada fija en mi, sin decir nada... como si para ti, la paz y la reflexión de antes del beso, nunca hubiesen muerto...
En un intento por que sintieses algo o lo mostrases, me acerqué a ti... y susurré... ''Te quiero...'', casi inaudible... pero tan sincero...
Mientras te apretaba firmemente contra mi desde tu cintura... como si temiese que fueses a huir de mi...
Acaricié tu rostro a la vez que apartaba el pelo, castaño, suave y alisado... que lo cubría... llevando mi mano tras este... colocándola finalmente en tu nuca...
Continuaba mirándote... tratando quizás, de ver tus ojos...
Y entonces, lentamente me acerqué a tí... a la par que te atraía junto a mi... desde tu cintura y tu nuca...
Hasta llegar a darte un tierno y largo beso... quizás, más que el segundo aquí narrado...
Y... mientras aquel beso se mantenía... yo deslizaba suavemente mi mano... desde tu cintura, hasta casi la altura de tus hombros, acariciando tu espalda, suave... delicadamente...
Al llegar... te atraje contra mi... ya no solo besaba yo... en un instante... tú tambien me besabas a mi...
Durante ese instante... ese momento de reflexión, silenciosa, frente al agua... que, antes era de cada cual... se unió en uno solo...mientras por fin... nos besábamos...
Cada cual, sumido en sus pensamientos... sin que una sola palabra, interrumpiese aquel momento, de reflexión y paz de cada uno...
Y... entonces... entre la fría brisa... me acerqué lentamente hacia ti...buscando tus ojos... tan bonitos... mas no los hallé...
Sin más... dirigí un corto beso a tus labios... dulces... tiernos... con ese tono, tan dificil de definir... que se acerca a rosa... sin llegar a serlo...
Durante un momento, se detubo el roce de nuestros labios... separando aquel beso... mas tan solo, para darte otro... mas largo... lento... cálido... que terminó en pequeños besos... como bocanadas de aire, como si tú fueses lo que necesito para vivir... tal como el aire para una persona...
Llevé mi siguiente beso a tu cuello... lentamente... una mezcla, entre un suave mordisco, como un animal que juega, y un tímido beso... que siempre deseé dar, y nunca antes pude...
Mientras deslizaba mis brazos, con dulzura y suavidad... alrededor de tu cuerpo... rodeando tu cintura...
Dí otro pequeño beso en tu cuello... y entonces te miré... esperando una respuesta... una reacción... pero mantubiste tu mirada fija en mi, sin decir nada... como si para ti, la paz y la reflexión de antes del beso, nunca hubiesen muerto...
En un intento por que sintieses algo o lo mostrases, me acerqué a ti... y susurré... ''Te quiero...'', casi inaudible... pero tan sincero...
Mientras te apretaba firmemente contra mi desde tu cintura... como si temiese que fueses a huir de mi...
Acaricié tu rostro a la vez que apartaba el pelo, castaño, suave y alisado... que lo cubría... llevando mi mano tras este... colocándola finalmente en tu nuca...
Continuaba mirándote... tratando quizás, de ver tus ojos...
Y entonces, lentamente me acerqué a tí... a la par que te atraía junto a mi... desde tu cintura y tu nuca...
Hasta llegar a darte un tierno y largo beso... quizás, más que el segundo aquí narrado...
Y... mientras aquel beso se mantenía... yo deslizaba suavemente mi mano... desde tu cintura, hasta casi la altura de tus hombros, acariciando tu espalda, suave... delicadamente...
Al llegar... te atraje contra mi... ya no solo besaba yo... en un instante... tú tambien me besabas a mi...
Durante ese instante... ese momento de reflexión, silenciosa, frente al agua... que, antes era de cada cual... se unió en uno solo...mientras por fin... nos besábamos...
sábado, 23 de enero de 2010
Remdes... Nart Dahm...
Abres la puerta de aquella catedral apartada del mundo...
Allí donde parece haber llegado solo uno...
Para tu sorpresa, la puerta estaba abierta, y se abre al empujarla suavemente...
Desde dentro, la catedral está perfecta, como si allí el tiempo no transcurriese...
Al fondo, puedes observar una estatua colocada...
Una joven con una larga y ancha túnica, encadenada...
Te acercas para observarla, y ves una inscripción...
Recuerdos que no te pertenecen te invaden y captan tu atención...
Allí donde parece haber llegado solo uno...
Para tu sorpresa, la puerta estaba abierta, y se abre al empujarla suavemente...
Desde dentro, la catedral está perfecta, como si allí el tiempo no transcurriese...
Al fondo, puedes observar una estatua colocada...
Una joven con una larga y ancha túnica, encadenada...
Te acercas para observarla, y ves una inscripción...
Recuerdos que no te pertenecen te invaden y captan tu atención...
-Hace tiempo... aquí había una estatua... la estatua de una chica...
-No lo entiendo Shino... ¿Por qué desaparecería...?
-Quien sabe... puede que perdiese la esperanza... la esperanza por este mundo...
La segunda voz se volvió mas grave como si hubiese envejecido. -Eso es algo que aún dudo...
Un extraño sonido, como si un metal chocase contra el suelo resuena en tu mente,
Dejando el recuerdo en blanco pasando quizás a uno diferente...
Un paraje desolado, donde los muertos se levantan esclavizados,
Donde solo unos pocos siguen luchando...
Narthem muere... defendiendo al derrotado enano...
Yorrenk lucha, como si fuesen sus hermanos...
Deseth sobrevive, y defiende a su hijo...
Sherak ataca, los no-muertos se han ido...
Humdier se levanta y lucha recuperado...
Mira a Narthem que yace a su lado...
Ashdera grita, y cubre a Dorgen con luz...
El la defiende... acudiendo a su solicitud...
Se reúnen y huyen... dejando atrás esa ciudad ataúd...
Sales del trance con un nuevo sonido,
Pura energía estalla a tu frente pero aguantas decidido...
Sale de la energía Narthem, pero distinto, no está muerto ni vivo...
Desenvaina sus hojas, las cuales se abren en tres cuchillas cada una...
Las junta a su pecho formando un signo...
Vuestras miradas se cruzan y sabes qué ocurrirá sin duda...
Extiende hacia ti su brazo rodeado de un aura que se abre en un arco de energía...
Rayos de todas formas y colores salen en tu dirección...
Te defiendes, mas sientes un gran dolor...
Todo menos tu mente ha cambiado, a mejor o peor...
Ha vuelto en el tiempo entre un estallido de polvo, fragmentos y color...
Caes de rodillas al suelo de la catedral,
Narthem desaparece como tu consciencia se va,
Ves en el suelo el grabado al que te intentaste acercar...
Una voz resuena: -Te advertí que no vinieras a este lugar...
Lo mismo que en la estatua llegas a observar...
''Aura, la chica de blanco, guardiana de la catedral.''
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